Archivo para noviembre, 2009
El Aborto Aprueba, Pero Deja Dudas
Desde hace unas cuantas horas, el proyecto de Ley del Aborto está más cerca de ser una realidad legal en España. Lo ha conseguido después de cinco enmiendas a la totalidad, gracias a 183 votos y el apoyo de 162 diputados del PSOE, PNV, ERC-IU-ICV, NaBai y BNG. El Mundo dice que ya ha logrado superar el primer trámite [parlamentario, se sobreentiende], pero que nadie se confíe demasiado porque todavía le queda mucho camino por recorrer.
Bibiana Aído se ha dado cuenta de la complejidad del tema y, viendo que hasta los propios diputados que han votado sí a la propuesta no tienen claro el punto más polémico de la Ley, ha afirmado que durante la tramitación “se intentará encontrar un punto de equilibrio”. Como elemento controvertido nos referimos, como no podía ser de otra manera, a la posibilidad de que las menores de 16 años puedan abortar sin consultar a sus padres.
Yo también tengo mis dudas al respecto. Los niños de 16 años son eso: niños. Sus padres son, en gran medida, responsables de sus actos; no pueden ir a las cárceles y, si me apuran, no pueden ni siquiera decidir sobre cuestiones “personales” como el consumo de alcohol o el tabaco porque, legalmente, no pueden acceder a ellos. Entonces, ¿por qué dotar de autonomía a esa misma niña en este tema?
No sé hasta qué punto ella tiene derecho a decidir sobre tener a su hijo o no tenerlo cuando son los padres los que tienen que encargarse de todo lo demás. Porque, ¿cuántas personas de 16 años están capacitadas para criar a un hijo? Y, lo que es peor, ¿cúantas de esas personas capacitadas tienen dinero suficiente para hacer frente a todos los gastos que un niño trae consigo?
Son muchas las preguntas que se me vienen a la cabeza, pero sólo esbozaré una más: ¿por qué el Gobierno se mete en estos jardines? La opinión pública está que trina con la crisis, la corrupción y el paro. Se sabe que el tema del aborto, aunque responde a una necesidad social contrastada, es polémico por naturaleza. ¿Por qué añadir elementos que dificulten más el proceso de su aprobación?
Si se hubieran centrado en lo realmente importante [la interrupción libre hasta las 14 semanas] y se hubieran alejado de controversias innecesarias [edad], habría menos gente en contra. Porque, como ya he dicho, para una gran mayoría de españoles el aborto es ya una realidad [hasta José Bono lo dice]. No está regulado, pero el que quiere/necesita abortar lo hace. Y no marchándose a Londres, como hace años.
A los que se manifestaran en contra podría explicársele que se trata de un derecho y no de una obligación. Y que si su religión o su moral personal se lo prohíben, no tienen por qué acogerse a esta práctica. Seguirían en contra pero, tal y como pasó con el matrimonio homosexual, irían perdiendo fuerzas y voz con el paso del tiempo.
Ahora es diferente. Todos los padres se han puesto en guardia e, incluso muchos de los que no somos padres, dudamos acerca de la positividad de esta cláusula. Acerca de la legitimidad de la misma y, sobre todo, de su efectividad. Porque está comprobado que los chavales tienen cada vez más autoridad frente a los padres. Y esto, a fin de cuentas, les haría sentirse más fuertes, más poderosos y más independientes de lo que se puede ser con esa edad. Por mucho que a algunos les cueste reconocerlo.
Una Nueva Europa, La Misma España
Sigo pensando que Felipe González hubiera sido un gran Presidente para la Unión Europea y, sin embargo, tengo que reconocer que sentí cierto alivio al saber que ni siquiera se presentaba como candidato. Lo digo con suma tristeza porque esta reflexión no viene sino a demostrar la escasa confianza que tengo en la política española. Ojo, no quiero decir con esto que los líderes de nuestro país no estén capacitados para dirigir la nueva Europa (reitero lo escrito en la primera línea) o que, como dicen muchos, España sea un país que todavía no se ha desarrollado suficientemente para este tipo de responsabilidades.
Lo que yo pienso es algo mucho más pragmático. Si Felipe González [o Miguel Ángel Moratinos, o José María Aznar o cualquier otro político español] hubiese conseguido llegar hasta la cúpula de poder de la UE, estoy convencida de que habría sido peor el remedio que la enfermedad.
Me explico: por un lado, imagínesen a Leire Pajín con el puño en alto presumiendo del éxito cosechado por el Partido Socialista y anunciando a los cuatro vientos la importancia de los encuentros entre el ex-Presidente español y Barack Obama. Si quieren, póngale el himno de la Internacional de fondo.
Por otro, traten de visualizar a Soraya Saenz de Santamaría [con vestido negro ajustado o no, según prefieran] sacando los trapos sucios de la entrada de España en la OTAN y recordando cómo los GAL hicieron todas sus fechorías durante el mandato de González.
Saben igual que yo que después de estas declaraciones que he puesto de ejemplo vendrían muchas más. Tantas como para eclipsar una noticia tan importante para España como la de que un político de este país formara parte de un proyecto ambicioso para diseñar una nueva Europa.
Pero, ¿qué sentido tendría que España participara activamente en esta iniciativa? En Europa se busca la unidad política de 27 países, cada uno de su padre y de su padre, dispuestos a ceder en favor de una representatividad común. En España, un solo estado de algo más de 45 millones de habitantes, lo que se persigue es la crispación. Es la división en dos bandos que nunca pueden dejar de estar enfrentados. Es la posibilidad de presumir de lo propio y desacreditar lo ajeno.
Más de uno me dirá que todo esto es marca de la política y que en todos los lugares pasa lo mismo, pero no es verdad. Bélgica entera está dando saltos de alegría por el nombramiento de Herman Van Rompuy como Presidente de la Unión Europea. Toda Inglaterra había preparado con sumo cuidado la candidatura de Tony Blair para que si éste no salía elegido lo hiciera otro de los suyos, en este caso la laborista Catherine Asthon. Y qué decir de los franceses y alemanes, que desde la sombra, saben que siguen llevando las riendas del viejo continente. Todos contentos.
Menos los españoles, que no sabemos lo que es disfrutar de un triunfo político porque tampoco sabemos lo que significa la palabra unidad en este ámbito de la vida [la política] que, nos guste o no, casi siempre está presente. Todo por lo nefasto de nuestro pasado.
El deporte ha conseguido que tener una bandera de España en casa y emocionarse con el himno del país donde vives no sea motivo de vergüenza, linchamiento o catalogación de franquista. Ha conseguido que sea una opción tan legítima como cualquier otra. Y parecía imposible.
¿Podremos algún día conseguir que la mayoría de los españoles, sean del partido que sean y tengan la ideología que tengan, se alegren de que uno de sus políticos sea valorado por el resto de países del mundo? Y que nadie piense lo que no es: que la unidad política de España es compatible con todo tipo de nacionalismos, y que nada tiene que ver con la retórica franquista que tanto daño nos ha hecho a todos.








