Archivo para 19 enero 2011

La Inercia Y Sus Peligros

Todavía no entiendo muy bien a los italianos. No porque hablen muy rápido, que también [sobre todo los de Florencia], sino porque a veces se comportan de una manera un tanto peculiar. Por ejemplo, dan los besos al revés que nosotros, primero la mejilla izquierda y luego la derecha, de modo que durante los saludos entre un italiano y un español es muy común que se produzcan momentos embarazosos.

Además, utilizan la palabra “prego” para demasiadas situaciones, muy distintas entre sí. O sea, igual te dicen “prego” como, ¿qué desea tomar?, que “prego” como de nada o “prego” como se lo ruego. Entre otras muchas acepciones que todavía estoy investigando.

Tampoco te dan el cambio en la mano: uno va a comprar a un supermercado, tiene que pagar veinte euros y las vueltas siempre -al menos eso creo- las dejan encima de una vitrinita, nunca te las dan directamente. Como en el casino, que se debe poner el dinero sobre el tapete para que el croupier lo recoja después. Pues eso, algo así. ¡Ah! También acortan muchísimo las palabras y los nombres. Seguramente, de ser romana sería Sa’ o Sar’ a lo sumo. En serio.

Pero, bueno, a lo que vamos. Lo que realmente no entiendo de los italianos  es su actitud hacia la política, de la que, por cierto, tampoco comprendo nada. Pero ése es otro tema. El caso es que Berlusconi está presuntamente implicado en un escándalo sexual con una menor, con la marroquí Ruby R., que asistía a las fiestas del mandatario en su residencia milanesa de Ancore. Asistía para lo que asistía, ya me entienden. Pues la gente ni se inmuta.

Vale, que la niña parece que tiene el doble de edad y que muy inocente no tiene que ser… pero ¡era una menor! ¡Y el primer ministro del país está acusado de incitar la prostitución de menores! Pues nada, la gente de la calle no lo habla, no lo comenta, no lo critica. Y no creo yo que los italianos sean tan puristas como los ingleses en materia de “intimidad política”.

Quizá están ya “curados de espanto” y no quieren saber nada, ni del bunga bunga de Berlusconi, ni de la imagen del país en el exterior. Probablemente. Eso o que sienten una especie de vergüenza ajena que les impide hablar del tema. No lo sé.

Yo os juro que estaba muy preocupada. Porque no me parecía normal que algo así se pueda pasar por alto: los niños son intocables en todos los países, ¿no? Menos mal que hoy he descubierto que hay otra Italia que sí protesta, que sí se lleva las manos a la cabeza con estos temas. Y, sobre todo, que sí está harta de las fiestas y los corrillos de su máximo dirigente político.

Pero para comprobarlo me he tenido que ir, cámara en mano, a las puertas del Parlamento italiano. Allí había decenas de personas que, sin pancartas ni gritos, querían mostrar su rechazo a Berlusconi. O a la situación, no me ha quedado muy claro.

Y he respirado un poco más tranquila. Quiero pensar -y pienso- que en España sería distinto, que todos hablaríamos del tema, lo condenaríamos, exigiríamos explicaciones y, sobre todo, no lo pasaríamos por alto. ¡Por Dios, que no me equivoque!

19 enero 2011 at 19:11 3 comentarios


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