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Historias de Berlusconi I

Le estoy cogiendo el gusto a los libros de Enric González. Están bien escritos y te enseñan muchas cosas. Además, dos de ellos hablan de Roma y un tercero de Londres. ¿Se puede pedir más? Sí, claro, algo siempre hay: que se editen en bolsillo. Pero veo que no están por la labor en RBA, así que… a lo que vamos. En esta entrada quiero contarles algo que he descubierto en las páginas de “Historias de Roma” y que me ha dejado alucinada, sorprendida y preocupada.

Por ese orden. Primero pensé que era una broma, después me costó asimilarlo y, por último, me eché a temblar. Sí, hablo de una historia relacionada con Silvio Berlusconi, pero que conste que yo iba sin prejuicios -¿no les digo que me ha sorprendido?-.

De hecho, reconozco que es un hombre que despierta [en presente] todo mi interés. No por el poderío sexual del que él presume cada vez que tiene ocasión y que a mí me da cierta grima, sino por la revolución política que ha supuesto en su país y por las relaciones que ha estrechado entre la política y la televisión. Y ojo, que me interese no quiere decir que esté de acuerdo.

En cuanto a lo que me sorprendió tanto, les avanzo que es una historia que viene de lejos, más concretamente de finales de los años cincuenta. Por entonces, los marqueses Casati Stampa -de buena familia y con mucho dinero- tenían varias residencias palaciegas a su nombre, entre ellas una especialmente valiosa en Arcore (cerca de Milán), con más de diez mil libros antiguos (muchos incunables) y una pinacoteca cuyo valor resultaba incalculable. También tenían una hija, Annamaria.

Por razones que no vienen al caso, el matrimonio se separó y el marqués volvió a casarse con una joven muy guapa, Anna Fallarino. Es curioso saber que Casati Stampa disfrutaba mucho cuando su segunda mujer mantenía encuentros sexuales con otros hombres y él los fotografiaba. Sin embargo, un día la joven conoció a un hombre [fascista] del que se enamoró de verdad, Massimo Minorenti y al marqués dejó de gustarle la idea de compartir a su dama.

Un día de 1970 Casati Stampa mató a tiros a Fallarino y a Minorenti. Y después se suicidió. La herencia, tras varias disputas legales, fue a parar a manos de la hija de su primer matrimonio, Annamaria, que todavía era menor de edad. Rápidamente contactó con ella un abogado llamado Cesare Previti [¿les suena?], que se convirtió en su tutor legal. En 1973, la chica decidió poner en venta la residencia de Arcore aunque especificó que quería mantener intactas los libros y las pinturas.

Previti le dijo que había encontrado un muy buen comprador, pero la venta sólo podía llevarse a cabo con el patrimonio artístico. También le dijo que el precio era increíblemente bueno. La joven aceptó y vendió un palacio y miles de obras de arte por, aproximadamente, 500 millones de liras, unos 260.000 euros. O sea, por una cantidad ínfima.

Pero la cosa no acaba ahí. El pago de la vivienda se acordó a plazos y sin liras de por medio: sólo con acciones de una inmobiliaria llamada Edilnord [¿les suena?]. Cuando la joven quiso venderlas, no encontró comprador y finalmente tuvo que revendérselas al nuevo inquilino de la finca. Eso sí, por la mitad de su valor original: es decir, por 250 millones de liras, unos 130.000 euros, que fue el precio final de la mansión. ¡Ah! También tuvo que seguir pagando los impuestos que gravaban la propiedad incluso sin vivir en ella. No es broma.

Por si alguien no lo ha descubierto aún, el propietario de la villa de Arcore es Silvio Berlusconi y Cesare Previti, que ya ha estado condenado varias veces, era y es su mano derecha [una de sus manos derechas]. Han estado juntos desde el principio, lo que quiere decir que Previti era abogado de Annamaria y de Berlusconi al mismo tiempo. A quién defendió mejor no creo que haga falta comentarlo.

24 noviembre 2010 at 22:20 Deja un comentario

Orson Wells Resucita En Georgia

A veces ponemos en duda el poder de los medios de comunicación y, dadas las teorías conspirativas que defienden algunos de ellos, no me parece del todo descabellado. De hecho, soy de las que aconsejan que ciertas informaciones, relacionadas con ciertos temas y provenientes de ciertos medios, se digieran con cierta prudencia. Porque la indigestión, de lo contrario, puede ser ciertamente grave e incómoda.

Sin embargo, a la hora de la verdad, nos creemos todo lo que sale en televisión. Si no, que se lo digan a los ciudadanos georgianos que el pasado sábado sufrieron graves taquicardias [incluso infartos], se desmayaron y hasta, en el caso de una mujer [madre de un soldado], perdieron la vida al pensar que Rusia les había invadido y que su presidente, Mijaíl Saakashvili, había resultado muerto.

Digo pensar porque, como ya se imaginarán ustedes, las imágenes estaban falseadas [que no es lo mismo que ser falsas porque, con el fin de darle el máximo realismo posible, el director del informativo recuperó grabaciones de la guerra real que enfrentó a los dos países en 2008, hace menos de dos años]. Todo sea por dar realismo a una noticia falsa y a un supuesto simulacro que, según sus ideólogos, tenía la intención de “advertir de que existe tal amenaza y de que debemos estar unidos ante ella”.

Para mi sorpresa [y supongo que la de los georgianos], la reacción del presidente Saakashvili [sí, al que mataron en el reportaje, pero que resulta que está vivo] ha sido aplaudir la iniciativa de la cadena por considerar que lo mostrado en el programa “está enormemente cerca de lo que realmente podría pasar” y que  “es lo que tienen en mente nuestros enemigos” [los rusos]. Eso sí, al menos ha recriminado que debería haber aparecido un rótulo que, durante toda la emisión, advirtiera a los espectadores de que se trataba de una ficción.

Porque, igual que hiciera Orson Wells el 30 de octubre de 1938, los ideólogos de este simulacro sólo avisaron a los televidentes [en el caso de Wells oyentes] al comienzo del programa, lo que quiere decir que todos aquéllos que se engancharon a él un minuto más tarde, pensaron que estaban ante un “reportaje especial”, que es lo que aparecía rotulado junto a las imágenes. ¡Pero es que incluso los que vieron el informativo desde el principio señalan que el rótulo pasaba totalmente inadvertido y que, por ello, siempre pensaron que se trataba de una noticia real!

Por todo ello diré que La Guerra de los Mundos y este simulacro son comparables, aunque no creo que estén al mismo nivel. No me digan que no: no es lo mismo simular una invasión extraterrestre que una rusa que, además, ya se llevó a cabo en 2008 y que podría repetirse en cualquier momento.

Más que una réplica es, por tanto, una imitación. De muy mal gusto, por cierto. Porque Orson Wells, a pesar de todo, demostró que los medios de comunicación [la radio] ejercían un gran poder sobre la población. Pero éstos ya lo sabían y lo que realmente han demostrado a sus conciudadanos es que la televisión informativa [o sea, el periodismo audiovisual] cada día es menos creíble, más manipulable y más espectacular [esta vez en el sentido más peyorativo de la palabra].

15 marzo 2010 at 22:21 1 Comentario

Un Abrazo A La Vida [Y A Un Amigo Ocupado]

Las últimas entradas que he publicado son muy diferentes al resto y esta última, lejos de volver a la senda habitual, ha preferido seguir marcando fuertemente las distancias. Les cuento todo esto porque, en circunstancias normales, nunca escribiría sobre un tema como éste, más que nada porque hay gente que lo hace mucho mejor que yo y sé que nunca estaría a la altura. Por eso, lo que haría entonces sería descolgar el teléfono, llamar a la persona adecuada y esperar [ansiosa] hasta ver qué enfoque habría decidido darle mi amigo.

Pero resulta que esa persona está hoy demasiado ocupada y, por un período de tiempo que esperemos sea breve, ha abandonado sus quehaceres en el mundo de la blogosfera. Así que aquí estamos, frente a un spot publicitario que, a ojos de una consumidora inexperta, llama mucho la atención.

Quizá sea porque está reproducido a cámara lenta [dicen que para que los espectadores puedan reflexionar sobre lo que están viendo] o porque es muy ilustrativo y no cae en la vulgaridad de mostrar imágenes desagradables, pero lo cierto es que me ha parecido digno de comentar. Y eso que, todo hay que reconocerlo, es bastante pasteloso, sensiblón o como quieran decirlo.

Al margen de estos comentarios, el anuncio ha sido creado por la ONG inglesa Sussex Safer Roads Partnership (Asociación para unas carreteras seguras de Sussex) y, desde su publicación en Internet hace aproximadamente un mes, ha tenido casi 2.5 millones de visitas en Youtube, así como plataformas de apoyo en herramientas sociales como Facebook o Twitter. Además, ha sido emitido en televisión en varios países del mundo [EEUU y Canadá, entre ellos] y el diario El País le dedicaba ayer una noticia en exclusiva.

Sin más dilación, les dejo con este spot tan curioso que, desde mi punto de vista, simboliza un pequeño homenaje a la creatividad, a la prudencia y, en cierta medida, a las entradas del blog de mi amigo, que tanto se echan de menos. ¡Ah! Intenta concienciarnos del uso del cinturón de seguridad, que con la emoción casi se me olvidaba.

5 marzo 2010 at 19:59 1 Comentario

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