Archive for agosto, 2010

Soy joven. ¡Y a mucha honra!

¡Estoy harta! Cuando no dicen que los jóvenes no tienen aspiraciones, empiezan con la cantinela del fracaso escolar y la falta de motivación. Por no hablar de la archiconocida generación ni-ni que, por si acaso alguien no se ha enterado todavía, hace referencia a ‘la juventud’ que ni estudia ni trabaja.

Vamos, a los que disfrutan viviendo del cuento y sus quehaceres van de la cama al parque, del parque a la discoteca y de la discoteca a la cama. O sea, a los vagos de toda la vida que, como tales, no tienen aspiraciones, ni motivaciones, ni ganas de nada. – ¿De verdad alguien se extraña de que los vagos sean así?–

El problema es que se habla de los jóvenes, así, en plural. Y se dice que es un colectivo que ahora, con el tema de la crisis –de la que también estoy harta, para qué nos vamos a engañar– es también una ‘generación perdida’. Bueno, técnicamente todavía no somos esos pobres perdidos, nacidos para vagar [y vaguear], pero lo seremos muy pronto, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La razón que da: los contundentes 81 millones de chavales de entre 15 y 24 años que se encuentran parados. O lo que es lo mismo: un 13 por ciento del total en todo el mundo.

Casi siempre dudo de las interpretaciones que hacemos los periodistas de las cifras, pero en este caso, si cabe, dudo mucho más. En primer lugar porque no entiendo que un niño de 15 años pueda estar parado –en España, por ejemplo, la educación es obligatoria hasta los 16–. Y en segundo porque es verano y las noticias escasean [doy fe].

Además, no es por ponerme de ejemplo, pero tengo 23 años y considero que tengo suficientes aspiraciones [incluso diría que soy una persona ambiciosa] y motivaciones de cara a mi vida presente y futura. Igual tengo suerte [o iniciativa] por tener un trabajo –quien dice trabajo dice beca– que me encanta, pero lo que está claro es que ni soy ni-ni, ni estoy perdida, ni soy una víctima de la sociedad.

Soy una persona joven, con muchas ganas de aprender y un montón de proyectos en la cabeza. Y, como yo, una gran mayoría. Los otros, los menos, son vagos. Y como tal hay que tratarlos.

Así que a todo el mundo que está tan preocupado por nuestras perdiciones y nuestras penurias, por favor, que dejen de generalizar. Que de esa forma lo que están haciendo es difundir una imagen errónea sobre nosotros y nuestras capacidades. ¿Y luego se extrañan de que los empresarios no nos valoren?

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12 agosto 2010 at 13:08 Deja un comentario

La Tristeza Se Tiñe De Blanco Con Raúl De Azul

No he escrito antes por falta de tiempo y de ganas. ¿Qué le vamos a hacer? La noticia, aunque esperada, me impactó más de la cuenta. Tanto que hasta hoy no he podido coger el toro por los cuernos -ay no, perdón, el toro no, que en los tiempos que corren no es bueno utilizar su nombre en vano- para reflexionar sobre la marcha del capitán del Real Madrid, Raúl Gónzalez.

No ensalzaré sus virtudes porque son de sobra conocidas, ni ahondaré en la tristeza que me produce su marcha, ni explicaré el nudo que se me puso en la garganta cuando le vi con otra camiseta. Sobre todo porque no me quiero poner tierna. Ya saben ustedes que yo soy más de fatalismos que de sentimentalismos.

Pero es que no me digan que la marcha del 7 blanco no es algo horrible para el madridismo. No por sus aportes futbolísticos, que también, sino por lo que simboliza(ba) para el vestuario y la afición. Digamos -recuerden siempre que soy un poco derrotista- que Raúl era la esperanza de volver a ser lo que fuimos, digo lo que fueron.

La esperanza de que el Madrid volviera a confiar -algún día- en la cantera, de que apostara por talentos de 17 años y de que recuperara, al fin y al cabo, su identidad. Una identidad que desde arriba han pretendido mantener estos últimos tiempos a base de títulos -y ni siquiera lo han coneguido-, pero que para muchos se ha perdido en un limbo desconocido. Porque sí, es verdad que hace un par de años se ganaron dos ligas seguidas, pero créanme cuando les digo que no supieron tan bien como otros títulos.

No me malinterpreten y piensen que soy de las que creen que no se ganaron con justicia, que no van por ahí los tiros. Al contrario, pienso que fueron justísimos, pero igualmente se me atragantaron. Yo creo que fue por la guarnición que los acompañaba: cambios, cambios y más cambios. Yo, que soy de las que buscan la estabilidad por encima de cualquier otra  cosa, no llego a entender con claridad eso de que vengan jugadores para ser los mejores del mundo y que se vayan al año siguiente -y encima por la puerta de atrás-, o que se contraten entrenadores para recuperar la esencia del buen juego y sean cuestionados al cuarto partido. No lo entiendo.

Me cuesta. Y eso que muchos me dirán: Chica, es que eso es el Madrid, asúmelo. Y yo les diré que no. Que para mí el Madrid es (era) otra cosa. Muy distinta, además. Todo lo contrario: un club basado en un sentimiento. Un sentimiento de pertenencia que tenían Raúl y Del Bosque y Hierro y otros muchos que no voy a enumerar por no cansar al personal, ni resultar carca.

Menos mal que queda Casillas y que, por ahora, nadie cuestiona su titularidad (ni siquiera en la selección, para disgusto de algunos). Ojalá dentro de unos años la directiva sepa actuar con él mejor de lo que lo ha hecho con Raúl, y ya de paso ojalá que consiga que termine su carrera aquí. Con homenajes en condiciones, aplausos, lágrimas, fuegos artificiales y todo lo demás. Con Iker igual podemos, digo pueden, agradecerle todo su esfuerzo, con Raúl está claro que no. Que tendremos, digo tendrán, que apoyarle vaya donde vaya y demostrarle así que sigue en nuestros -sus- corazones.

Lo que sí podemos -pueden- hacer los madridistas es soñar con que el capitán vuelva al Real Madrid, no necesariamente vestido de blanco, sino de traje y corbata los fines de semana y de corto con libreta los de diario. Entonces Guardiola dejará el Barcelona y la cantera blaugrana dejará de dar buenos jugadores. Y los entrenadores cambiarán cada poco tiempo y se enfrentarán a su presidente -poco identificado con el club- día sí y día también. Entonces, cuando Raúl apueste por la cantera y el Madrid lo gane todo, el Barça se gastará millonadas en fichajes inservibles y llenarán su plantilla de extranjeros.

Que, jóder, tal y como está el Barcelona hoy en día cuesta ver la luz al final del túnel. Al contrario, cada día que pasa te hunden más en el fango. Aunque termines la temporada con un montón de puntos y una auditoría te saque una sonrisa al desvelar que tienen una deuda astronómica. Es ver la base del equipo que tienen cada año y, qué quieren que les diga, una se muere de envidia. Y no precisamente sana.  Así que vamos a confiar en el de siempre, en el que tira del carro, en Raúl. Que venga a salvarnos como hizo Guardiola con el eterno rival. ¿Cuándo? No importa, pero que vuelva. El madridismo, si es que por entonces queda algo de él, lo necesitará. Como lo ha necesitado todos estos años.

1 agosto 2010 at 12:28 Deja un comentario


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