Archive for octubre, 2010

La Antisocialidad [a veces] Es Sana

[Escribí esta entrada la semana pasada, pero la subo hoy sin modificar nada]

Reconozco que mi comportamiento no es del todo normal, pero que conste que el de la gente tampoco. Para ponerles en antecedentes diré que estoy en el aeropuerto de París esperando a que salga mi vuelo después de pasar dos días en una especie de  taller formativo para periodistas de salud. Es decir, después de un viaje de trabajo. Por cierto, las tiendas en París están abiertas, no he visto ninguna manifestación y de no ser por los vuelos cancelados y los continuos retrasos la huelga me hubiera pasado desapercibida.

Pero a lo que vamos. Dos días en un hotel con numerosas charlas –algunas aburridas y algunas enriquecedoras – de gente, eso sí, muy motivada. Algún que otro rato para descansar y ver las calles de París, una cena de bienvenida y una comida de despedida.

Todavía durante las ponencias me sentía más o menos cómoda (y eso que, sin exagerar, la inmensa mayoría de los asistentes tendría cuarenta años más que yo), pero en los ratos del restaurante… ¡qué mal lo he pasado!

Porque todavía en español, aunque te sientas fuera de lugar, puedes hablar del tiempo, de las últimas noticias o de cualquier otra tontería. Pero en inglés las conversaciones se reducen mucho. Más aún cuando cenas junto a cuatro señoras [espero que no se ofendan porque añadiría de buena gana la palabra mayores] finesas.

La cosa siempre empieza bien: encantada de conocerla, ¿es italiana?, ¿española?, ¿es la primera vez que está en París?, ¡qué interesante la charla de antes!, ¿para qué medio trabaja? Y ya. A partir de entonces a masticar lo más rápido posible, a beber agua para tragar mejor –en mi caso ni siquiera porque en un intento de amabilidad me la echaron con gas– y a soltar una sonrisa forzada de vez en cuando para intentan esconder lo que realmente piensas: ¿por qué no puedo ser invisible o, mejor aún, desaparecer?

En otros viajes de trabajo con gente española también me ha pasado. Básicamente me ocurre cada vez que me siento fuera de lugar, cosa que pasa bastante a menudo cuando conozco a gente nueva. Pero bueno, en este caso ha sido peor. Así que al desayuno he bajado in extremis: un vaso de zumo y un cruasán a toda prisa. Pero, lo más importante, en una mesita yo sola, que era lo que perseguía apurando el horario.

En la comida también me ha tocado socializarme, pero lo he llevado mejor. Digamos que no me he molestado mucho en participar en la conversación de mis compañeros de mesa después de las presentaciones de rigor. Por comodidad propia y porque hablaban en francés. ¡Qué maleducados!, pensarán algunos, pero yo les aseguro que para mí ha sido un alivio. Y eso que el francés me parece un idioma horrible.

Pero, vamos a ver, de hablar con ellos hubiera tenido que hacerlo sobre la difusión de la pandemia del H1N1, la postura de los medios franceses, etc. Así que mejor masticar, beber, sonreír y salir pitando. Aunque para ser justos diré que en este caso hasta me he hecho una foto con uno de los pocos jóvenes que había en el congreso. En este punto me parecía muy simpático, después verán que me resultó demasiado simpático.

Las últimas charlas han sido, de verdad, infumables, pero he estado tomando algunas notas y al final se han pasado bastante rápido. Después me he ido a dar una vuelta yo sola –qué paz– y a la hora acordada he estado en la puerta del hotel para que me llevaran al aeropuerto. A mí y a siete personas más. En un autobús de 55 plazas.

Estaba yo ya sentada junto a la ventanilla, como a mí me gusta, con mi libro y con mi MP3, tan tranquila… pensando que tenía cuarenta minutos para disfrutar cuando, de repente, mi amigo el de la foto –que era de los que participaban en todas las ponencias haciendo preguntas, apostillas y comentarios– se sienta a mi lado. “Hello”, me dice.

¿Pero no hay sitios en el autobús para que tengas que ponerte aquí? Pues no. Y eso que había colocado estratégicamente el bolso y el abrigo para marcar territorio. En fin, que de leer, escuchar música y pensar en mis cosas nada. Pero es que encima, claro está, como no nos conocemos de nada la mayor parte del tiempo no la pasas hablando, sino pensando en qué decirle para rellenar los silencios incómodos. Que es lo peor.

Mi vuelo sale a las 19.45 y el suyo a las 20.00 pero en cuanto he llegado al aeropuerto me he disperso. “Have a nice flight”, le he dicho como dando por concluida nuestra conversación. Y parecía que había funcionado. ¡Pero me ha encontrado! Menos mal que ha sido a última  hora, que ya me estaban llamando para embarcar. Ha quedado en mandarme nuestra foto por correo -al de Sociedad-, así que he avisado a mi jefe de que si llega una foto mía con un negro la obvie y, de paso, no deje volar su imaginación.

Cuando he llegado al avión tenía cierta desconfianza. Pero me he sentido muy bien comprobando que no soy la única a la que, cuando viaja sola, le gusta viajar sola. Resulta que  yo tengo sitio en el pasillo y, como es obvio, tenía dos acompañantes: la del medio y el de la ventanilla. Pues la del medio se ha cambiado a otro sitio para estar con su marido y el de la ventanilla ha dicho: ¡uf qué bien! A lo que yo he respondido: desde luego, así podemos poner los abrigos, los bolsos… Nos hemos reído y, después, cada uno a lo suyo. Como debe ser. Él a jugar al solitario con su Blackberry y yo a terminar mi entrada.

Debe ser –vamos, es– que no me gusta conocer gente nueva. Sobre todo si va a ser para un rato. Pero es que no lo necesito: que puedo comer sola sin sentirme mal, que puedo pasear sola sin necesitar acompañante, que me gusta, oiga, que disfruto. ¿No lo entienden?

26 octubre 2010 at 10:10 1 comentario

Me Cambio De Familia Política

Hay a quien más y a quien menos, pero lo cierto es que nos ha pillado por sorpresa a todos. El cambio de Gobierno se venía rumiando desde hace mucho tiempo [incluso recuerdo conversaciones en nuestro pequeño club Bildelberg allá por marzo], se daba por hecho la salida de la (ex)Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, pero curiosamente nunca se iba.

Siempre reaparecía los viernes en el Consejo de Ministros, con sus explicaciones -a veces cansinas- y sus evasivas -a veces inaceptables-. Mañana [todavía no me hago a la idea] no estará. Digo yo que ocupará su lugar Rubalcaba.

Ya lo he dicho muchas veces en este blog y fuera de él: el Ministro de Interior y recién estrenado Vicepresidente del Gobierno me gusta. Dicen que es gris, inteligente, calculador e incluso maquiavélico, pero ¿qué quieren que les diga? No sé si es un logro importante o si tiene poco mérito tal y como están las cosas, pero creo que es el mejor político del PSOE. Por eso estoy convencida de que Zapatero ha acertado otorgándole más poder y más peso en el partido.

También considero positivas las supresiones de los Ministerios de Vivienda y de Igualdad -sobre todo si implica menos gasto y, puestos a ser sinceros, menos Aído en televisión-, e incluso la marcha forzada de Corbacho. A Valeriano Gómez, Rosa Aguilar y Ramón Jáúregui no los puedo valorar porque no tengo el placer de conocerles, pero a priori no me resultan desagradables.

Ahora bien, lo que no termino de entender es el nombramiento de Leire Pajín -sí, la del puño en alto- como Ministra de Sanidad. ¡Por favor! Que no sé si está capacitada o no para el cargo, pero que es inoportuna donde las haya. Y ahora va a salir más -sí, todavía más- en los medios y, por tanto, va a tener más oportunidades para meter la pata. ¡Qué pereza, de verdad! ¡Qué pocas ganas! Eso sí, lo de los morritos está fuera de lugar, ¿eh? El alcalde de Valladolid se ha lucido.

Y, por último, tengo que reconocer que el cambio de Trinidad Jiménez a Exteriores me inspira desconfianza. Me explico: Moratinos no era fuente de mi devoción, o sea que por esa parte estoy contenta, pero otra vez la Trini… La tienen a la mujer de aquí para allá, que si ahora Ministra de Sanidad, que si luego candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid… ¡Y ahora Ministra de Exteriores! No me hagan mucho caso, pero creo que aunque la chica valga lo mismo “pa’ un roto que pa’ un descosío”, tanto vaivén y tanto cambio no puede ser bueno. Ni para ella ni para España.

En fin, que al final estos pensamientos no son más que elucubraciones, y que habrá que esperar a ver qué tal se adaptan los nuevos fichajes, si mejora el juego colectivo y, lo más importante, si cambian los resultados. Aquí al nuevo responsable de Trabajo, Valeriano Gómez,  todos lo vamos a mirar con lupa. Así que mucha suerte, míster. Desde aquí le deseamos lo mejor en su etapa, a ver si cambia el rumbo y remontamos. A poder ser antes de que termine 2011 y mi beca con EFE.

21 octubre 2010 at 23:37 2 comentarios

Las Dudas Y El Sentimiento De Culpabilidad

Últimamente me ocurre con demasiada frecuencia: no soy capaz de forjarme opiniones férreas en torno a algunos temas de la actualidad informativa. Entonces pienso que me estoy convirtiendo en una persona influenciable: un día veo las cosas desde una perspectiva y al día siguiente las observo desde la contraria.

A estas alturas no es que me extrañe mi actitud: soy de esas personas que no tienen casi nada “favorito”. Ni color, ni libro, ni cantante, ni película, ni actor, ni comida. -Equipo sí, pero ése es otro tema-. Vamos, que sí que los tengo, pero que varían en función del momento en que ustedes me pillen. Ya me entienden.

El caso es que en temas de “preferencias” tengo asumida mi indecisión, pero en temas de opiniones… la verdad es que me jode -y mucho- no tener las cosas claras. Principalmente porque yo antes no era así. Estaba segura de todo: de lo que era y de lo que quería ser. Y, por supuesto, de lo que pensaba: lo exponía, lo rebatía y lo defendía con uñas y dientes.

Ahora, como ya intuirán, claro, lo que se dice claro, no tengo nada. Que digo yo que estas crisis existenciales se tienen con 14 años, no con casi 24, que uno ya debe “tener encarrilada su vida”. ¡Y yo, más o menos, la tengo!, que conste. Pero… que dudo, jóder, que dudo. Y me estreso.

En fin, a lo que íbamos. Que  yo era de las que pensaba que la Ley del Aborto no implica obligatoriedad de abortar. O sea, que aprobar la normativa no iba a hacer que las chicas se lanzaran a abortar como locas. Y, vale, lo sigo pensando, pero ahora hay ciertas cosas que me preocupan.

Por ejemplo, un estudio que ha publicado El Mundo, en el que aseguran que las chicas de entre 13 y 18 años que han abortado no se deprimen más que las que siguen adelante con el embarazo. Entiéndanme, no es que yo espere que carguen con un sentimiento de culpa toda su vida pero, que digo yo, que algo les debería afectar. Con 13 o con 20 años.

Vamos, yo pienso que debe ser un trauma. En primer lugar porque estás privando de vida -ojo que digo privando de vida y no matando- a un potencial ser humano. Pero es que además hay que tener en cuenta la incertidumbre -sí, esa que tiene la culpa de todas mis dudas- que debe generarte el pensar: ¿y si no puedo tener más? A no ser que tengas clarísimo que no quieres tener hijos. Y ni siquiera.

Pero hay cosas peores. Si hace un par de días me topé con este estudio, ayer encuentro una noticia que habla de una mujer colombiana que abandonó a su hijo porque era “un pecado”. Resulta que su religión Pentecostal Unida de Colombia le impide tener hijos bastardos. Así que la mujer, en nombre de no sé qué Dios, parió a su hijo a la orilla de un río y acto seguido lo lanzó al agua. Después fingió, según cuentan en El Mundo, que “tenía un tumor en su abdomen y lo había expulsado en el baño”.

A lo mejor esta mujer tampoco se deprime más que las de su quinta, no lo sé. Pero lo cierto es que, como diría Laporta, debería hacérselo mirar. Que vale que mi mente, con eso de psicoanalizarme cada día, esté empezando a fallar. Pero esto es de psiquiatra. En serio.

¡Qué pena que Eva Padrón no pueda echarnos una mano a todos! Seguro que el mundo iría bastante mejor.

8 octubre 2010 at 10:47 Deja un comentario


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