Archive for enero, 2011

Il Cavaliere pierde los papeles en TV

Increíble. Lo de la política italiana es simple y llanamente increíble. Bueno, más bien lo de su primer ministro, Silvio Berlusconi. Ya sabrán por la prensa que Il Cavaliere está acusado de incitar la prostitución de menores (vídeo). Presuntamente mantuvo relaciones sexuales con la marroquí conocida como Ruby R. cuando ésta todavía era menor edad.

La gente de la calle, como ya hice saber en la pasada entrada, ni habla, ni comenta, ni critica. Pero los medios sí lo hacen, aunque teniendo en cuenta que la mayoría son propiedad de Berlusconi -o bien porque son públicos o bien porque pertenecen al imperio mediático Mediaset- la verdad es que mucha variedad no hay.

Una de las cadenas libres e independientes -si es que todavía hay algún medio así en el mundo- es “La7”, donde ayer por la noche se emitió un especial que reflexionaba sobre la supuesta imputación de Berlusconi en el “caso Ruby” y la investigación que se lleva a cabo desde la Fiscalía de Milán.

Hasta aquí, todo más o menos normal. ¡Pero es que Berlusconi llamó al programa y entró en directo! No, yo también pensé que era un imitador, pero está confirmado: era el primer ministro italiano y, entre otras cosas, dijo esto:

“Me han llamado para invitarme a sintonizar L’Infidele (el programa). Estoy viendo una emisión desagradable, con una conducción despreciable, torpe y repugnante”.

A lo que el presentador, Gad Lerner, contestó airosamente: “Ya ha insultado bastante, ¿por qué no se presenta ante los jueces en vez de insultar? -Un inciso: es que Il Cavaliere no quiere comparecer ante l Fiscalía milanesa, no tiene tiempo, el pobre-.

En fin seguimos. “Han ofrecido tesis falsas y distorsionadas, alejadas de la realidad”, continuó Berlusconi con ganas de gresca. Lerner, por su parte, parecía que había recuperado la compostura y le pidió educadamente -aunque con un tono de voz elevado- “Siendo que usted es también mi presidente del Consejo, le invito a moderar los términos”.

Pero Berlusconi no se moderó. Al contrario, entre el griterío de unos y otros se escuchó que se refería a las invitadas del plató como “mujeres, si es que se puede llamar así”, una forma de hablar que indignó al presentador hasta el punto de referirse al primer ministro como “cafone”, que puede traducirse como “maleducado”, “incívico” o “cateto”.

Pero el primer ministro italiano, o no lo oyó o no se inmutó, así que continuó con su discurso defendiendo a su higienista dental -que según la Fiscalía de Milán podría ser la persona que controlaba a las chicas que acudían a las fiestas del mandatario- y pidiendo a una de las políticas presentes en el programa y, claro está, cercanas a su partido, que abandonase el plató.

“Invito honorablemente a Zanicci a levantarse e irse de este increíble prostíbulo televisivo”, sentenció antes de colgar. ¡Y se quedó tan pancho! No sabemos si estaría solo en casa y se fue a dormir con su nueva y desconocida novia. ¡Es un misterio!

Pero, vamos a ver. ¿Ustedes se imaginan algo así en España? Por ejemplo, ¿al presidente del Gobierno -que me perdona Zapatero por la comparación- llamando a uno de los muchos programas de Intereconomía o Libertad Digital -que me disculpe ahora La7 italiana- para protestar porque le critican abiertamente?

Yo no, me resulta inconcebible. Entre otras cosas porque se presupone que un líder político -sobre todo si está al frente de un país- tiene que estar por encima de estas cosas. Tiene que aceptar que se hable de ellos, más si estás en el ojo del huracán de una investigación policial por un presunto delito sexual. Y no perder los papeles ni la compostura.

Pero claro, hablamos de la teoría y de un supuesto país que no es Italia. Porque aquí, en la práctica, Berlusconi ha conseguido lo que llevaba buscando desde hace un par de semanas: distraer la atención y focalizar en otro asunto. Aunque tenga que ser en tus malos modos. Mejor ser un cafone que un incitador de la prostitución con menores, ¿no?

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25 enero 2011 at 22:34 1 comentario

La Inercia Y Sus Peligros

Todavía no entiendo muy bien a los italianos. No porque hablen muy rápido, que también [sobre todo los de Florencia], sino porque a veces se comportan de una manera un tanto peculiar. Por ejemplo, dan los besos al revés que nosotros, primero la mejilla izquierda y luego la derecha, de modo que durante los saludos entre un italiano y un español es muy común que se produzcan momentos embarazosos.

Además, utilizan la palabra “prego” para demasiadas situaciones, muy distintas entre sí. O sea, igual te dicen “prego” como, ¿qué desea tomar?, que “prego” como de nada o “prego” como se lo ruego. Entre otras muchas acepciones que todavía estoy investigando.

Tampoco te dan el cambio en la mano: uno va a comprar a un supermercado, tiene que pagar veinte euros y las vueltas siempre -al menos eso creo- las dejan encima de una vitrinita, nunca te las dan directamente. Como en el casino, que se debe poner el dinero sobre el tapete para que el croupier lo recoja después. Pues eso, algo así. ¡Ah! También acortan muchísimo las palabras y los nombres. Seguramente, de ser romana sería Sa’ o Sar’ a lo sumo. En serio.

Pero, bueno, a lo que vamos. Lo que realmente no entiendo de los italianos  es su actitud hacia la política, de la que, por cierto, tampoco comprendo nada. Pero ése es otro tema. El caso es que Berlusconi está presuntamente implicado en un escándalo sexual con una menor, con la marroquí Ruby R., que asistía a las fiestas del mandatario en su residencia milanesa de Ancore. Asistía para lo que asistía, ya me entienden. Pues la gente ni se inmuta.

Vale, que la niña parece que tiene el doble de edad y que muy inocente no tiene que ser… pero ¡era una menor! ¡Y el primer ministro del país está acusado de incitar la prostitución de menores! Pues nada, la gente de la calle no lo habla, no lo comenta, no lo critica. Y no creo yo que los italianos sean tan puristas como los ingleses en materia de “intimidad política”.

Quizá están ya “curados de espanto” y no quieren saber nada, ni del bunga bunga de Berlusconi, ni de la imagen del país en el exterior. Probablemente. Eso o que sienten una especie de vergüenza ajena que les impide hablar del tema. No lo sé.

Yo os juro que estaba muy preocupada. Porque no me parecía normal que algo así se pueda pasar por alto: los niños son intocables en todos los países, ¿no? Menos mal que hoy he descubierto que hay otra Italia que sí protesta, que sí se lleva las manos a la cabeza con estos temas. Y, sobre todo, que sí está harta de las fiestas y los corrillos de su máximo dirigente político.

Pero para comprobarlo me he tenido que ir, cámara en mano, a las puertas del Parlamento italiano. Allí había decenas de personas que, sin pancartas ni gritos, querían mostrar su rechazo a Berlusconi. O a la situación, no me ha quedado muy claro.

Y he respirado un poco más tranquila. Quiero pensar -y pienso- que en España sería distinto, que todos hablaríamos del tema, lo condenaríamos, exigiríamos explicaciones y, sobre todo, no lo pasaríamos por alto. ¡Por Dios, que no me equivoque!

19 enero 2011 at 19:11 3 comentarios


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